Novelas de Muse


Suspiré cayendo sobre mi cama.

—así que Christian te honró con su visita ¿eh? —preguntó Adele tirándose a mi lado.

—no, no a mi—expliqué—a su padre. Bien sabes que ni siquiera me conoce.

—¿se veía caliente? —preguntó ella en un susurro.

—Pensé que él te producía urticaria—me reí.

—No, tú en sus pantalones me produce urticaria—aclaró—y es obvio que el chico enciende mis motores.

— ¡Adele!

— ¿Qué? —Me miró incrédula—mi mejor amiga serás, pero no puedo negarte que él está hecho para pensamientos obscenos.

Adi. Ella era exactamente la amiga que tus padres jamás te dejarían tener, si es que la conocieran de verdad. En el fondo, bien en el fondo, ella era una muy buena persona.

Tenía sus malas costumbres como todo el mundo, pero no era algo intolerable. Bebía a destajo muchas veces, fumaba yerba con la excusa de ser ecológica y su definición para la moda era todo lo que ya no estaba en las vitrinas.

Con sus bellos ojos azules y su hermosa cabellera dorada, manejaba a las personas a su antojo. Para ella era tan simple como poner una sonrisa en sus labios y asentir como si estuviera amaestrada.

—¿Puedes creer esta falta de creatividad? —me preguntó mirando la televisión.

Era una película romántica, de esas que veo a escondidas por la noche. No entendía de que trataba, pero de seguro era un cliché más.

—¡el chico acaba de matarse por amor! —Explicó alterada moviendo sus manos—ya nadie muere por amor ¡Jesucristo, Romeo y Julieta se revuelcan en sus tumbas!

Cliché.

—quizás si amas a alguien tanto como para que tu vida no tenga sentido si él no está—opiné—es entendible.

—¿morirías por amor? —sonó a burla.

Me encogí de hombros dejándola con la duda. Y sí, yo era una romántica melancólica de mierda, sensible hasta mi última terminación nerviosa. Y sí, creía en príncipes montados en caballos blancos, aunque en un auto ultimo modelo, no me molestaría.

La voz de mi madre llamando desde abajo me salvó de ser motivo de risa para Adi. Nos movimos rápido, antes de que la cena se enfriara y mi madre se molestara por no hacerle caso.

—¿estas teniendo problemas para dormir? —preguntó Adi cuando recogió la caja que yo había lanzado al suelo la noche anterior Mi padre las toma.

—un poco—acepté—tengo problemas para quedarme dormida, no para dormir.

—¿le estas mostrando el escote al papá de Christian para que te suelte estas? —preguntó pegándome un codazo.

—no, yo…sólo…yo—los ojos de Adi esperaban ansiosos—yo sólo las tomé, ¿de acuerdo? No le digas a nadie.

—¿tu qué? —ella no podía creerlo—¿los tomaste de JJ?

Asentí quitándole la caja.

—Estoy sin palabras—dijo—¿nadie te vio?

—no, estoy a cargo de los medicamentos—dije sin pensar—nadie se extrañaría si sostengo una caja.

—y ahora que necesitamos dinero—pensó—creo poder hacer un buen negocio contigo.

—¡oh, no! —me negué a lo que estaba pensando, porque lo sabía— no, no, no y no. No sacaré pastillas para que te drogues, bastante tienes con la yerba que le sacas a tu hermana.

—no es eso, Clo—dijo bajándome el tono con su mano—piensa. Podemos venderlas.

—¡¿te refieres a tráfico?! —Pregunté asombrada— ¡¿quieres que venda pastillas como un traficante?!

—no es necesario que tu las vendas—ofreció—yo puedo hacerlo por ti, tu sólo debes darme la mercadería.

—creo que te hace falta comer algo—espeté dando vuelta al pomo de la puerta—vamos a cenar y no quiero volver a escucharte hablar sobre este tema.

—adiós gran suma de dinero—susurró antes de que bajáramos.

******************

Más tarde esa noche nos dirigimos al bunker. Ese era nuestro punto de encuentro la mayoría de las noches de verano. Para llegar debías atravesar un camino de tierra que cruzaba por la mitad de un bosque. Era oscuro y silencioso, apto para sexo, drogas y alcohol.

Con la locura que causó la llegada del año dos mil, un excéntrico millonario construyó un bunker en la cima de un monte. La razón para despilfarrar esa importante suma de dinero fue un inminente ataque extraterrestre.

Recuerdo como estábamos todos asombrados cuando supimos la noticia y cada vez que llegaba un camión cargado con materiales, salíamos de nuestras casas a verlos pasar. Los seguíamos hasta que se perdían entre los árboles. El acceso estaba prohibido y el punto exacto del bunker era desconocido, hasta ahora.

El ataque extraterrestre jamás ocurrió y la vergüenza pudo más que el dinero. El excéntrico millonario se marchó sin aviso y la pequeña fortaleza terminó enterrada bajo la maleza.

—¿podemos conversarlo en algún momento? —preguntó Adi estacionando su Renault Floride del cincuenta y ocho.

La miré dando vuelta los ojos. No había nada que conversar, mi decisión estaba tomada y por el único motivo que tomé esas pastillas, fue porque no podía quedarme dormida.

Apreté mi chaqueta contra mi cuerpo, el viento estaba frío y en el cielo las estrellas brillaban armoniosas. Alrededor del bunker estaban los chicos tomando cerveza y fumando. Llegué hasta el grupo y rápidamente pusieron a trabajar mis manos con una cerveza y un cigarrillo.

—Pensé que ya no vendrían—dijo Etienne en forma de saludo—¿dónde esta Adi?

—Esta por allá—le indiqué—hoy tendrás suerte, está de buen ánimo.

La sonrisa de Etienne creció considerablemente antes de dejarme e irse a buscar a mi amiga. Hace ya un tiempo que ellos se estaban acostando, pero sin compromisos. Aunque ya todos sabíamos que estaban juntos, pero no juntos, de igual manera intentaban ocultarlo. El plan de Adi con Etienne era sacarle dinero y en el peor de los casos, quedarse con él para que la mantuviera de por vida.

Sí, era una puta.

Inevitablemente busqué a Christian entre la multitud. Él aparecía muy a menudo por el bunker, pero ya hace algunos días que no lo veía. No desde que Venus llegó a pasar las vacaciones con su prima Florine.

Vi a Adi coquetear con Etienne bajo la oscuridad de un árbol y recordé que Thierry estaba con su novia en algún lugar pasando una romántica velada. Por supuesto que yo estaba sola. Junto a los mismos rostros con los que crecí, conversando las mismas estupideces que hablábamos día tras día y bebiendo la misma cerveza tibia de cada noche.

Fumé.

Qué no daría yo por estar en los brazos de alguien esta noche, pensé, No. No alguien. Christian

—Podríamos calentar nuestros cuerpos, Clo —ofreció risueño Gustave.

—Cuando crezcas, cariño—respondí riendo.

Los demás rieron fuerte ante la negativa de dejarme querer por Gustave, un regordete chico con las mejillas rosadas por el sol.

Dejé de reír cuando vi la moto de Christian acercarse a nosotros, no había ninguna garrapata abrazada a su cintura. Más atrás venían sus amigos en el auto de uno de ellos. Se bajaron sosteniendo algunos sixpacks de cerveza y otro tipo de alcohol que no identifiqué.

Me quedé petrificada mientras lo miraba caminar con una elegancia gatuna hacia donde esta yo con los chicos. La garganta se me comenzó a cerrar y los músculos del cuerpo se me tensaron. Apreté fuerte la botella de cerveza mientras las distancias se acortaban.

Cuando pasó por mi lado me miró como a cualquier persona, sin darme la menor importancia.

—hey—saludé casual.

Antes de que me respondiera, si es que lo haría, una chica se le lanzó a los brazos y comenzó a devorárselo a besos. Era Lola, la hija del panadero. Algo rellena y sin gracia ni para recortar un prepicado. Y no era que yo me considerara una modelo de alta costura, es más soy delgada, tengo algo de panza y mis caderas son anchas. Pero ¿Lola? No a lugar.

Miré la escena algo desencantada. Estaba acostumbrada y estúpidamente continuaba esperando que “esta fuera la noche”

Adi dejó el besuqueo con Etienne y se acercó a mí.

—¿qué bebes? —preguntó.

—té—la verdad que la cerveza hervía a más de cien grados Celsius.

—¿tienes buena vista para tu tortura desde aquí o quizás quieras moverte un poco más cerca hasta que te llegue algo de sus salivas? —ironizó mirando a Christian con Lola.

Rodé los ojos.

—creo que es suficiente para mi por hoy—dije cerrando mis ojos—me iré a casa ¿puedes llevarme?

—acabamos de llegar, Clo—se quejó Adi—media hora y te juro que nos largamos.

Asentí a regañadientes.

Adi se movió nerviosa junto a mí, algo le preocupaba, algo estaba maquinando su cabeza y se moría por mencionarlo.

—¿sabes quién es un fiel consumidor de psicotrópicos? —preguntó en susurro.

—¡ Adi, pensé que estaba claro que yo…!

—Christian—soltó dejándome sola.

Y en una sola palabra, soltada en un dulce sonido, Adi me hizo pensar. Ella había disparado justo en mi talón de Aquiles. Mis decisiones cambiaban como los amantes de Adi y creo que por primera vez tenía la completa impresión de que estaba haciendo algo realmente estúpido.

A la mañana siguiente me dirigí hacia JJ con un propósito y además con un nudo en el estomago. Sentía que todo el mundo me miraba sabiendo lo que yo estaba a punto de hacer.

JJ estaba funcionando como cualquier día, los desayunos estaban siendo servidos y los pacientes estaban siendo llevados al baño para la higiene personal.

Tomé la planilla desde la recepción y corrí hasta mi punto de trabajo. Abrí la mampara y me escurrí dentro del cubículo. Mi corazón saltaba a mil por hora, estaba nerviosa casi entrando en pánico y esperaba que en alguno de estos estantes hubiera pastillas para bajarme la ansiedad.

Tomé mi primer impulso y aproveché el barullo de la mañana para no hacerme notar ante las cámaras. Me lancé hacía cualquier medicamente y lo tomé entre mis manos temblorosas.

—¡ Buenos días, Clo! —la voz de Marco me hizo saltar del susto y al medicamento también.

—¡diablos, Marco! —lo reté llevándome la mano al pecho—casi me matas

—buenos días para ti también, Marco—se saludó—¿haciendo travesuras?

Palidecí.

—relájate, Clo—sonrió haciendo notar su perfecta dentadura—es sólo una broma. Más tarde te pasaré a buscar por un café ¿está bien?

—no te cansas, Marco—sonreí—lo aceptó sólo para que dejes de molestar.

—Paso por ti al término de tu turno—dijo caminando por el pasillo.

Me di vuelta rápido para ver donde mierda estaban las pastillas que acababa de tomar. Me agaché y las tomé ocultándolas con la manga de mi cardigan.

Mis manos sudorosas estaban arruinando la envoltura y si no me arriesgaba ahora, las pastillas se derretirían en mis dedos.

Arrojé la caja en mi bolso con una angustia creciendo en mi interior.

Por Christian, pensé.

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3 Responses so far.

  1. Laura says:

    Hay Clo hace cualquier cosa x Christian y el me imagino q ni sabe q ella existe y ni le habla q mal,esperemos q nadie la viera agarrando esas pastillas aunq casi la ven,ahora esperar en el proximo capitulo para ver si se las da a Christian las pastillas,saludos Muse!

  2. Me encantó!
    Se nota que Clo haría cualquier cosa que Christian le diga. O al menos esa es la impresion que da hasta ahora jaja

    Adi es hermosa. Claro, si quitas a un lado lo puta, es una niña totalmente agradable :D

    Yo creo que Clo no va a dejar que Adi le venda los medicamentos a Christian. Tal ves ella le de la gana de porfin lograr que él le hable

    Un beso.

  3. jeslis says:

    XD.. lo que hace el enamoramientooo que le pasa a CLO asi o mas atontada por Christian y él y la pela mmm:( pero muy buen cap.
    esperaremos el otro :D